Adolfo Ibañez, El Mercurio
Esta vez jugaremos al laberinto. Hace varios siglos
se divertían perdiéndose en los jardines palaciegos. En la cordillera
se puede revivir este juego. Ella es "...una muralla de soberbios
montes... formando un montón de montones amontonados, unos sobre otros"
(ahora juegue a desenredarse). Ojo, aquí nadie se arrancó de Macondo,
pero si García Márquez lee esta frase se pondrá colorado de vergüenza.
Sólo estoy transcribiendo a Diego Rosales, sacerdote jesuita, que
escribió una historia de Chile hacia 1650.
Cuando ese ilustrado curita quiso describirla fue
superado por las evocaciones, sensaciones y grandiosidades que había
experimentado durante
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