Till Mayer, Der Spiegel
La bomba nuclear y pequeñas grullas en origami: para
Kyoto Niiyama, las dos imágenes son inseparables. “Cada una de estas
aves de papel cuenta la triste historia de mi ciudad, pero representan
también sus esperanzas y fortalezas”, dice la joven de 20 años. Dice
que, cuando estaba en la escuela, también trató de hacer sus propias
grullas. Tal como una vez lo hizo Sadako Sasaki.
Todos los niños de Hiroshima conocen la historia de Sasaki, y cursos
completos de las escuelas hacen peregrinajes cada año al sector
dedicado a ella en el Memorial de la Paz
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