Una vez que anduve el camino hacia Fedora, tras la larga
jornada por senderos llenos de sonidos míticos, ecos de pensamientos
machacados, vistas de fachadas viejas sobre fachadas nuevas, y de ver
el horizonte tras una loma llena de abetos, reconocí que me había
devuelto hacia la pregunta original con una semilla en su interior.
La respuesta envuelta de esa luz incandescente se me había dado en
un viaje hacia adentro de la propia semilla. Yo, como Paz en el
camino a Galta, he vuelto otras tantas veces al comienzo.
La
gran Fedora de piedra gris es una ciudad de
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