Pablo Rodriguez, El Mercurio
Las últimas proposiciones destinadas a formalizar
jurídicamente las relaciones de pareja de igual o distinto sexo
plantean, una vez más, la necesidad de fortalecer el sistema legal en
lugar de destruirlo. En efecto, hemos sostenido que en nuestra
legislación existen mecanismos adecuados para alcanzar los fines a que
aspira toda pareja que comparte su vida, cualquiera sea su orientación.
Si entre nosotros se aceptara que el matrimonio es la única institución
llamada a formalizar todo tipo de convivencia, nos veríamos obligados a
derogar gran parte de las normas que actualmente rigen la vida
matrimonial. Así, por
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