Hazte consciente de que tú eres un ser singular.
Reconoce que cada vida humana es un mundo novedoso.
Admitir que cada individuo es diferente a todos los demás, es la clave para comprender a los otros y para descubrir que ellos son tu riqueza, ya que ellos pueden aportarte puntos de vista que tú no has descubierto, y aún más, que pueden prestarte servicios invaluables.
Reconozcámonos diferentes, no para separarnos, sino para integrarnos en una comunión afectiva y en servicios mutuos.
Si cada uno aporta lo mejor de sí a su comunidad, ésta progresará y gozará de felicidad.
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