A principios del próximo mes, los estados norteamericanos que limitan con México, California, Arizona, Nuevo México y Texas, tendrán soldados resguardando la frontera. El despliegue de tropas ha sido justificado por los gobernadores de dichas localidades, en función del aumento del tráfico de armas, drogas y la inmigración indocumentada.
La medida es, a todas luces, desafortunada. En primer lugar, el tráfico de armas difícilmente se detendrá mediante la militarización de la zona, mientras Estados Unidos siga permitiendo la venta legal de armas de asalto. Estas armas –cuya enajenación estaba prohibida hasta 2004- son internadas a México y tienen como destinatario
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