Eugenio Tironi, El Mercurio
Después de verla en primera fila los días siguientes
al terremoto, o a cara descubierta reuniendo recursos para los
damnificados, o gestionando el diseño de planes de reconstrucción, es
evidente que la empresa chilena de hoy tiene poco que ver con la que
prevalecía en los años 90, cuando recomenzó la democracia.
En esos tiempos la empresa veía lo que despuntaba
como algo que desembocaría, ineluctablemente, en lo que fue la UP: un
Estado interventor que no la dejaría “trabajar tranquila”. Resistía
cualquier cambio y se identificaba incondicionalmente con la derecha,
para mantener los dispositivos antidemocráticos
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