Son las 8:30h y Felipa hace lo único que puede
para ganarse la vida en este momento tan complicado. Al alba, pasea por las
calles de Phoenix recogiendo en bolsas botellas de plástico y latas de Coca
Cola para luego separarlas en casa en diferentes contenedores que venderá a un
intermediario que las llevará a una fábrica de reciclaje. Con la paranoia anti
inmigrante en alza en Arizona, cuatro hijos que mantener y un esposo deportado
a México hace tres semanas, Felipa dice que sólo le queda rezar para que suceda
un milagro. O para que los anglos, “que tienen
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