Marco A. De la Parra, La Nación
De paso por Buenos Aires, haciendo clases de escritura creativa a
sujetos que escriben como los ángeles, como demonios extraviados, como
dioses caídos, como locos sueltos.
Pesa la tradición de la prosa argentina cargada de monstruos con sus
múltiples corrientes, los demenciales derivados de Macedonio Fernández
y sostenidos por César Aira, los notables y correctos con su mascarón
de proa, Juan José Saer, las novelas absolutamente imposibles como “Los
Soria” de Alberto Laiseca, un autor comparable a nuestros Juan Emar,
“La historia, de Martín Caparrós”, de los textos extraños que me ha
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