Carlos Peña, El Mercurio
Hay varias razones para no conceder el indulto a quienes violaron
los derechos humanos. Y para no admitir las insinuaciones que
—manejando una delicada ambigüedad— ha formulado la Iglesia Católica.
Desde luego —y a mucha distancia de los delitos comunes— las
desapariciones, torturas y asesinatos ejecutados por agentes del Estado
tienen una gravedad excepcional. A diferencia de lo que ocurre con la
violencia entre particulares —un homicidio, por ejemplo— en la
violación de derechos humanos se tortura, mata o hace desaparecer
adversarios sirviéndose de las instituciones estatales.
Así, la capacidad de abuso es incontrarrestable y la
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