Antonio Gil, La Nación
Hoy, en la mayoría de esos aborrecibles garitos con
pretensiones de casino que infestan orgullosos las ciudades de Chile,
se pueden ver máquinas que imitan carreras hípicas. Se trata de una
barata y sospechosa sustitución de la realidad, creada para
principiantes. Allí, antes de iniciar la simulación de cada carrera, un
randomizer, en forma seudo aleatoria, selecciona de una extensa lista
los nombres de algunos caballitos virtuales y los pone sobre la línea
de largada, lo cual permite que en cada carrera participen caballos que
tienen distinto nivel de competitividad, a los cuales pueden apostar
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