Y llego la crisis,
el sistema neoliberal culpable, el comunismo nefasto, nació la ciencia, y Dios hablo.
No. No
podemos hablar en tercera persona de nuestras creaciones. Estas creaciones se fecundan, riegan y fortalecen en nuestro vientre sin concebirse
nunca como especie de carne y hueso independiente. Se manifiestan en grandes
corporaciones e instituciones o ideales fecundos e infecundos: pero sus genes, lágrimas
y sangre son nuestras. Cualquier examen de ADN demostrara nuestra -suya, mía,
de todos- paternidad a ciencia cierta. Los amos, dioses, originales de esas falencias o maravillas
somos el ente comunitario interrelacionado. Que se transformen en indomables
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