Jim Morrison no era lo que todos piensan. Todos los que habrán visto la terrible película de Oliver Stone se han hecho la idea que Morrison era un lunático drogadicto fuera de control. En cambio, la versión de toda la gente que lo conoció es que él era una persona sensible, cariñosa y preocupada.No digo esto con afán alguno: Sólo me parece que a estas alturas El Rey Lagarto, como se solía llamar a sí mismo, es más una leyenda que el retrato de un hombre que amaba y sentía, y que expresaba ese sentir en poesía, su música y
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