Por Ernesto Gore y Marisa Vázquez Manzini
En
la idea taylorista de organización no había equipos (Taylor, 1912). Cuanto más
repetitivas y mecánicas fuesen las tareas, menos indispensable y más reemplazable
era cada persona.
El crecimiento que siguió a la Segunda Guerra
Mundial llevó a muchos
científicos
sociales a estudiar el fenómeno de los
grupos.
Varios
factores convergían en este súbito interés, uno de ellos era la necesidad de
"ablandar" las estructuras organizativas para que pudieran soportar
el crecimiento. El surgimiento de nuevas líneas de productos y mercados poblaba
a las organizaciones productivas de nuevas divisiones, niveles y
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