Después
de muchos años de insistencia de mi padre, hace una semana me terminé de leer
“Los pilares de la Tierra”.
Solo mirar este libro era acordarme de
mi papá sentado en una silla mecedora increíblemente rica que teníamos en
nuestra casa. Sentado, muy concentrado, casi comiéndose el libro que a mi me
parecía tan, tan largo. La cosa es que él se demoró la nada misma en leérselo.
El
proceso, cada vez que termino de leer un libro, es igual: en ese mismo minuto comienza
un “tiempo de incertidumbre total” en el que figuro yo, sentada en la cama
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