El vértigo de la acción o la pasión del “activismo” es una enfermedad que puede afectar a muchos directivos, que siempre trabajan urgidos por lo inmediato, encandilados por una noción de aparente y siempre falsa eficacia. Mucho teléfono, muchas reuniones, mucho ir y venir, poco estudio y escaso pensamiento. No sabe poner estaciones a la tremenda locomotora que dirige, tal vez por rieles equivocados, y a una velocidad creciente. Tampoco se da tiempo para observar, para escuchar. Olvida que su papel principal es el de pensar y hacer pensar, antes que hacer.
Quizás esa sea la gran diferencia entre una
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