Hace poco tiempo, les conté lo que le había pasado a mi pequeña hija Francisca, cuando fue severamente reprendida por un inspector que la sorprendió vendiendo stickers en el recreo. La historia comenzó con un regalo de $ 30 mil que le hicieron para su cumpleaños. En vez de gastarlo en tonteras adquirió una caja de atractivos stickers en la Zona Franca de Iquique. Sacó sus cuentas y consideró que era un buen negocio. Los primeros días vendió más de la mitad de las pegatinas. Claro hasta que fue sorprendida. Y llevada a la terrible inspectoría. Para no ser latoso,
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