Estaban cada uno en una
parte del mundo, y aún así se necesitaban, era una relación irreal
pero real a la vez. El la enamoró con sus palabras y ella se dejó
enamorar. Le seguía el juego, pero la cosa cada día iba a más,
incluso pasaba los limites de una relación en la distancia. Había
días que se mandaban diez correos, si el uno actuaba de una forma
alocada, el otro todavía más, incluso sus juegos dialécticos eran
de alto voltaje. Los dos tenían su familia, pero necesitaban su
dosis diaria de fantasía, de decirse cosas íntimas que quizás
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