Por Víctor Sampayo
Este texto fue publicado originalmente en Rey Mono.
Durante mucho tiempo se creyó que este animal consagrado a la rapiña se
había extinguido por fin de las tierras conocidas. Sin embargo, ha
evolucionado de tal modo, que hoy se le ve revoloteando trabajosamente
en sitios llenos de cotidianidad. Su plumaje, por lo general de tintes
oscuros, aunque también los hay de gran colorido, es proclive a las
pigmentaciones malsanas, lo cual le suele dar la apariencia de ser presa
constante de las enfermedades. Tiene un hocico comparable al de los
cerdos y orejas puntiagudas, con las que
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