En una casa fuera de la ciudad, en un campo, de una tal Mane Aguilar. Fue un paseo de evaluación de fin de año, de un año exquisito donde viejas leyendas y nuevas promesas compartían las mesas, los diálogos, las emociones. Fue una noche, y luego un día, de piscina, asado, abrazos, testimonios, críticas, proyecciones, risas, piqueros y hasta un "me enamoré de formación" por ahí. Mis más sinceros respetos al grupo, que en aquel entonces creía en estar junto, en la fuerza de la acción emprendedora sinergética.
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