Danae, con una copa de vino en las manos, se acercó al ventanal del departamento.Con sorpresa reparó en el avioncito de tiza del antiguo juego del luche dibujado en el suelo de una plaza. Entonces, de súbito, recordó a su tía Cármen que una tarde le dijo: "A veces, hija, la vida te hace jugar al luche..." Trataba como ese día -veinte años atrás- de desentrañar inútilmente el mensaje oculto tras la metáfora, cuando sorprendió a una niña equilibrándose en un sólo pie. Luego la vio dirigirse saltando a la izquierda y después a la derecha. Justo cuando la chica
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