Fueron las primeras palabras que aprendió en inglés y las más
queridas. Graciela llegó de Guatemala cuando tenía veinticinco años y
con un niño en brazos. Se empleó en el hotel en el que todavía trabaja y
con ello fue capaz de enviar a su hijo a la facultad. Él ya no quiere
trabaje más, pero a ella no le gusta sentirse inútil, siente que todavía
es joven o quiere sentirlo y lo último que quiere en la vida es
molestar. Hoy ha vuelto a ver el cartelito puesto en la puerta con la
frase “do not disturb” colgada de
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