He amado.
He amado, y amando he caído
por un vértigo de tiempo,
entre objetos que se transforman
y espasmos que clavan,
gimiendo, como una lámpara
que cede y se triza,
como una telaraña que se desprende,
cayendo entre vidrios rotos
sobre una alfombra de polvo
atravesando un aire espeso de plumas lúgubres.
Una voz inexorable cae
de una boca crepusculante
desgarrando labios de pústulas indelebles.
He caído,
como un volcán preñado que erupciona
bajo la férula de un diluvio torcido,
abortando en su llanto de magma
un grito que se pierde
en tristes hoyos negros y morados,
como sangre
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