La Mona llegó a mi casa en diciembre del 2008, la recogimos en una veterinaria donde regalaban gatos, tenían un montón pero nos gustó esta porque era rayada. Al principio era muy esquiva, pero es comprensible, todo era nuevo. Rápidamente se puso confianzuda y reformuló el living del departamento. El antiguo sofá, destinado a ver películas y conversar, ahora era su máquina para gastar uñas, el sillón rojo, donde yo normalmente me siento, se convirtió en la "cama de abajo", porque en el segundo piso mi cama se convirtió en su cama principal, el refrigerador es su escondite y el
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