Cuando
estaba en Santiago el sueño del pibe era mandarse a cambiar por el fin de
semana a una playa cálida y desierta. Bueno, ahora estaba a 1 hora así que no
me quedó otra que irme en este viaje un tanto autista.
El
viernes partí a Bahía Inglesa, sola mi alma, a descansar de los estreses
copiapinos laborales. Me recibió un atardecer con pinta de que pasado mañana va
a llover. Maravilloso.
Me
senté en una roca con una Paceña heladita a mirar irse el sol y se fueron con
él todos los problemas. Al menos por dos días,
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