Roberto Ampuero, El Mercurio
En el inicio de esta primavera estadounidense, amigos
nos invitan a cenar los tradicionales camarones de las costas de
Luisiana. Es un ritual de cada año. Un camión frigorífico trae los
camarones —enormes y sabrosos— hasta una plazoleta, donde se forma una
fila para adquirir el producto recién salido de las aguas del sur y
cocinarlo como bienvenida a la primavera. Esta vez, la fila fue peor
que nunca. ¿La razón? Circula el rumor de que serán los últimos
camarones en mucho tiempo.
La explosión y hundimiento de una plataforma
petrolera en el Golfo de México
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