En
la Prehistoria, al instalarse el sedentarismo y la propiedad de la
tierra, el matrimonio llega a ser una de las maneras más
socorridas para aumentar el patrimonio. Es así como el ser
humano pasa de la elección de pareja por motivos
exclusivamente de atracción erótica, a incorporar
por primera vez un elemento reflexivo: el cálculo de
conveniencias. Este “amor convenido” predomina en
la antigüedad greco-romana y durante toda la Edad Media. La
unidad central es la familia patriarcal, cuyo jefe tiene el deber de
establecer alianzas de parentesco que mantengan y acrecienten el
patrimonio familiar. La pasión erótica deviene
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