Ya el abuelo de Angelo
Iubini fabricaba “
prosciutto” para el
consumo familiar hace dos generaciones, tradición muy común entre las familias
de la época, donde el cerdo se criaba y mantenía para fabricar esta especie de
jamón crudo salado que sirve de aperitivo o
antipasto.
Pero no sería hasta su
visita a Italia en 1990, que el joven Angelo pensaría en expandir la producción
desde lo doméstico a lo público; y se concentró entonces en aprender de sus
parientes europeos las claves de su producción al por mayor. “Esto es parte de
nuestra identidad de la región de Emilia Romagna,
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