Ayer me compré un traje. Acudí de mala gana a uno de esos macrocentros comerciales, saturados de familias latosas, en los que apenas se puede respirar. Es un hecho constatable que cuando voy de tiendas, mi aspecto se transforma al estilo de El Increíble Hulk y adquiero el aspecto paranoico del típico asesino mochales del MacDonalds de turno, tal es mi aversión a este tipo de locales.Al principio tuve suerte. Quería un traje clásico, nada estridente, azul oscuro de los de toda la vida, y lo encontré a buen precio en el escaparate de una boutique con pinta ... Leer más