Me hice hombre en un colegio religioso y no por ello me considero un descerebrado, ni mucho menos una mala persona. Aunque es cierto que la educación que tuve a bien o a mal recibir fue estricta, yo diría que hasta dolorosa, si nos atenemos a la pedagogía del palo y tentetieso a la que nos sometían los curas de entonces.Una pena. De hecho, esa forma tan radical de poner en práctica el obsoleto refrán castellano que dice : "la letra, con sangre entra", me convirtió en un alma perdida para la causa, en un ateo irredento que observa ... Leer más