La Ruta de
la alegría partió, creo yo, como todos los voluntariados que se han manifestado
a raíz de lo ocurrido en nuestro país en febrero de este año.
Tres
personas,
Karina Nazar,
Any Barahona y
yo, estábamos conversando acerca de que queríamos ayudar de alguna
manera a los niños y niñas afectados por el terremoto en el sur. Nuestra
consigna era
dar una sonrisa a los niños
y niñas damnificados y con esa simple idea todo partió.
Veíamos
que todas las miradas y preocupaciones estaban centradas en suplir las
necesidades básicas, de alimento y abrigo, y que los padres
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