Después de la cena, fueron a tomar café a otro establecimiento. Pécuchet, contenmplando las lámparas de gas, se lamentó del exceso de lujo; y, luego, con un gesto de desdeño, apartó los periódicos. Bouvard era más indulgente en este terreno. En general le gustaban todos los escritores, y en su juventud, había tenido ciertas cualidades como actor.
Pretendía hacer pruebas de equilibrio con un taco de billar y dos bolas de marfil, como hacía Barberou, uno de sus amigos. Pero inveriablemente se caían y, rodando por el suelo entre las piernas de los clientes, se perdían a lo lejos. El
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