Se llamaba Carlos. Era el flamante nuevo pololo de mi hermana y por primera vez iba a la casa a almorzar. Algo así como una presentación en sociedad. Era simpático y bastante potable... pero tenía un defecto: el rey de los timidotes. Para peor, había asado con papas, esas papotas enteras grandes, con salsa de mantequilla. Ya en el segundo plato y después de contestar algunas pesadas preguntas de mi viejo, lo ví lidiar con su papa, ya bien salada y enmantequillada. De pronto la pincha. La rebelde papa saltó inesperadamente de su plato, cayendo justo al lado de la
... Leer más