Me siento en la vereda, quizás hoy venga el otoño.
Adelante, atrás, un poco más allá; que todos los lugares sean uno y ninguno: la perversidad del tiempo.
Tengo muchos lugares pero en ninguno estoy ahora, mi habitación sin mí; estoy en la vereda esperando por el otoño, quizás llegue hoy.
El reloj es un trastornado, un loco, quién no diría un interdicto. Cree ir siempre con el sentido de las manecillas pero quizás es sólo un cuadro simultáneo que de tanto dar contra lo sucesivo se ha convertido en eso: horas, minutos, segundos.
Mi calendario ha perdido casi todas
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