Raúl Sohr, La Nación
Turbas de desconocidos atacaron supermercados y
comercios en las horas posteriores al terremoto. El pillaje en sí mismo,
visto ahora con la calma que vuelve, fue un notable fenómeno de
histeria colectiva. Pero es más extraordinaria aún la sicosis de terror
desatada ante la presunta existencia de pandillas de delincuentes.
Corrió el rumor de que bandas armadas atacaban poblaciones e ingresaban a
hogares para saquearlos. Ello movilizó a numerosos vecinos en
Concepción y en ciertos sectores de Santiago a constituir guardias para
proteger lo suyo. Se multiplicaron los avistamientos nocturnos de los
grupos de malhechores que
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