No sé en qué momento asumí (quizá alguien me lo dijo) que todo lo mío (lo que viene de mí) es lo peor, lo más horrendo, vomitable, descartable, sin sentido, sin valor, feo, hediondo, sin brillo, sin motivo, carente de todo lo bueno, despreciable, basura pura, pérdida de tiempo, ridículo, chueco, siempre un poco chueco, abortado, enlodado, perdido, sin remedio, problemático, imbécil, tonto, estúpido...
Lo peor es que ya no me escandaliza. Cuando me parecía extraño pude haber enderezado el camino.
Nadie me salvó de mí mismo.
Todos ustedes fracasaron.
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