Era un viernes común y corriente el 26 de febrero de 2010. No fuí al trabajo porque era un día libre solicitado a última hora del día anterior, y que tenía destinado para dar solución a varios problemillas acumulados y para ayudar a preparar la inauguración de nuestro local en una feria artesanal.
Pasamos todo el día en la calle y a las 19.30 horas estabamos abriendo las puertas de nuestro negocio. Unas breves palabras, bebidas sin alcohol, un trozo de dulce torta de chocolate y un pequeño regalo para nuestros invitados. Todos ellos compañeros de feria, familia y amigos
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