E L T R O M P O . –(Chillán, Septbre. 2007) Era el otro día de nuestra fiesta nacional. Eso significaba que en el pueblo, la mayoría de sus habitantes llevara a cabo alguna de esas cosas desacostumbradas, como dormir hasta más tarde, reponiéndose tal vez de una pesada juerga. Jugar junto a sus hijos, organizar una excursión por los alrededores y comer. Comer harto, sobre todo aquellos platos suculentos y ensoñadores, que más tarde por cierto, traerían más de alguna complicación digestiva. También el degustar, sin mucha medida, los exquisitos caldos de la zona central del país. El
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