Estaba lejos de mis hijas, cuando
logré ver sus caras, casi 12 horas después del terremoto, una mezcla de miedo,
felicidad, angustia, dolor, inseguridad las invadía, yo no era ajeno a esa sensación.
Sólo daba gracias a Dios y a mis
angelitos que estábamos todos sanos y salvos. Todos nuestros familiares estaban
a resguardo. Nos empezábamos a enterar poco a poco, que mucha gente había desaparecido…era
terrible la poca información que iba llegando.
Lo vivido en las últimas horas en
una faja extensa de nuestro amado Chile es indescriptible. Ni toda la
modernidad, ni el poder, ni las riquezas ha
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