El 10 de marzo dejo mi puesto como Presidenta de la Comisión Asesora Presidencial para la Protección de los Derechos de las Personas. Siempre supe que ese día dejaría mi cargo, no sólo porque es un puesto de confianza de la Presidenta de la República, de esos que llaman “puestos políticos”. Dejo el cargo, porque es lo que corresponde. Me honra hacerlo. Las personas con vocación pública creemos en proyectos políticos, en el valor de la lealtad y por supuesto realzamos la importancia de la historia, allí donde otros aprovechan discursillos mediáticos del momento para encajar su nada disimulado oportunismo.
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