Roger Noriega, El Mercurio
Hace unos seis meses, me encontré casualmente con el
secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, en el Aeropuerto
Nacional Ronald Reagan de Washington. En vista de sus esfuerzos unas
semanas antes por levantar la suspensión que pesa sobre Cuba en la OEA,
le recordé que él había convencido a la secretaria de Estado
Condoleezza Rice de que apoyara su candidatura como secretario general
al prometerle que iba a insistir en que los líderes regionales no sólo
debían ser elegidos, sino también que tenían que gobernar
democráticamente.
Le manifesté a Insulza que sus acciones en
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