Somos seres que nos movemos entre mundos paralelos. Tenemos que aprender a habitar en la paradoja que significa sabernos ilimitados habitantes de un mundo sin fronteras y al mismo tiempo, seres encarnados que requieren ser acompañados y cuidados en forma abierta/protegida en medio de un flujo burdo/sutil de múltiples energías propias (mías), de los otros y de lo otro.
El desafío es danzar armónica y equilibradamente entre los polos (cerrado, intermedio, abierto) cultivando una ética de respeto profundo por mi espacio y el espacio de encuentro con el otro (y con lo otro).
El riesgo permanente es la tendencia a
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