Compraré un vestido en la feria y un par de dulces frutillas, enseguida pasaré donde la niña que vende alcancías y depositaré en su alcancía preferida dos mil pesos y un par de monedas para que así ella también como yo, de a poco realice sus sueños, pues nunca seremos grandes ni llegaremos lejos si además de soñar no trabajamos por ello.
Un domingo estrenaré mi vestido, he decidido seriamente que saldré a caminar en las afueras de alguna iglesia antigua en Santiago o quizás vaya a Maipú y entre sus calles deje el aroma de mi cabello recién lavado
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