Por la chica deslenguada
Quien no ha caído en el juego de poner nombrecitos ñoños a su pareja.
Es algo muy natural cuando existe amor y sin embargo nos averguenza que los demás nos escuchen, nos atemoriza desperfilarnos y parecer idiotas diciendo cuchi-cuchi, ñau-ñau o que se yo.
Es un acto bastante grande de confianza entrar en ese juego, abrirse como un libro frente al otro y dejar aflorar el lado lúdico, infantil, algunos incluso adoptan tonos de bebé y hablan como niños chicos, quizás recordando aspectos de su propia infancia, buscando la sensación de protección o de calidez
... Leer más