El modernismo ha traído como consecuencia
la sobreprotección de nuestro entorno.
El desarrollo de las grandes urbes con su
gigantesca expansión nos ha obligado a tomar precauciones especiales de
resguardo personal. De ahí viene el uso de portones que generalmente son
considerados elementos disuasivos.
La mantención de éstos implica cuidar su
operatividad a través del tiempo, preocupándonos de sus ajustes, regulaciones
eléctricas y mecánicas, lubricaciones de partes móviles etc., para que
efectivamente cumplan una función de protección a las personas y bienes de las
comunidades.
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