Fernando Diez, La Nación
La percepción de las sociedades oscila alternativamente entre dos
extremos irreductibles e igualmente insoportables. Por un lado, la
noción de que todo es un caos, de que los fenómenos que nos rodean y el
devenir de los acontecimientos no tienen sentido, de que son azarosos.
La fortuna, que los antiguos griegos creían sometida al caprichoso y
cambiante deseo de sus muchos dioses. Por el otro, la noción de que
todo obedece a un orden universal, a un guión lógico establecido
previamente por un dios racional, que se prolonga en la creencia de las
"religiones políticas", en
... Leer más