Costó aproximadamente 40.000. Tenía que enchufarle una batería, y
para que esto funcionara debía comprar un convertor que traspase la
energía de la batería al amplificador. Así podía contar con un
micrófono absolutamente “unplugged”. Y entonces, como medio canuto, con
micrófono en mano, amplificador transportable, convertor y batería, con
más complejidad que simpleza, iba a la feria para hacer campaña. La
verdad es que toda esta cachaña era el puro gesto, porque, para ser
honesto, al aire libre y en una feria la cagada de amplificador que
tenía poco podía hacer para que mi voz se escuchara más allá del
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