David Gallagher
No
hay nada que nos vuelva más humildes que votar, sobre todo si figuramos
entre aquellos que pretenden opinar sobre lo que piensa la gente. Me lo
decía ayer en la mañana en Chépica, donde hacía fila con hombres
solemnes e inescrutables: hombres que con un lápiz expresarían en forma
tajante e inapelable su decisión. Nada más de especulaciones ni de
cuentas alegres: había llegado la hora de la verdad.
Esa hora de la verdad ha sido muy feliz para Sebastián Piñera y para la
Coalición por el Cambio, que en diputados ha sacado una votación
similar a
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