La lluvia amainó. Yo salí de mi casa, medio atrasado, rumbo a la clase de yoga y a media cuadra me di cuenta que no llevaba la billetera. Di media vuelta y trotando me devolví. Esquivo a un taxi estacionado y metros más allá, sin darme cuenta, de mi bolso, se deslizo el pequeño y destartalado paraguas que llevaba de puro mamón precavido.
Desde la reja de mi casa veo al paraguas tirado en la mitad de la calle. De pronto veo que el taxi que estaba como a 20 metros, comienza a retroceder. Marcha atrás se dirige directo al
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