Quisiera tener las palabras de todo el universo y hablarte. Cerca, al oído. Contarte que te obligué a llegar a mí desde lejos. Que, una vez de cerca, te quise más, más, más y así. Que me colgué de tu cuello sin conocerte y nos tuvimos. Que no me importaba que existiera otra más. Que fue una brusquedad, un insulto. Una maniobra del término de los días. Una urgencia irreparable. Y del simulacro, al momento.
Fuimos la fuerza de los torpes; la comunión del pelo, las manos y los dientes. Tirar y aflojar, contraer y soltar el músculo. La ceguera
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